Tiburón blanco

El gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias) es una especie de tiburón lamniforme que se encuentra en las aguas cálidas y templadas de casi todos los océanos. Esta especie es la única superviviente del género Carcharodon.

Los tiburones blancos se caracterizan por su cuerpo fusiforme y gran robustez, en contraste con las formas aplastadas que suelen lucir otros tiburones. El morro es cónico, corto y grueso. La boca, muy grande y redondeada, tiene forma de arco o parábola. Permanece siempre entreabierta, dejando ver al menos una hilera de dientes de la quijada superior y una o dos de la inferior, mientras el agua penetra en ella y sale continuamente por las branquias. Si este flujo se detuviese, el tiburón se ahogaría , y se hundiría en el fondo, ya que al no poseer tampoco vejiga natatoria se ve condenado a estar en continuo movimiento para evitarlo. Durante el ataque, las fauces se abren hasta tal punto que la forma de la cabeza se deforma, y se cierran luego con una fuerza 300 veces superior a la de una mandíbula humana. Los dientes son grandes, aserrados, de forma triangular y muy anchos. Al contrario que otros tiburones, no poseen diastema ni reducción de diente alguno, sino que tienen toda la quijada provista de dientes alineados e igualmente capaces de aferrar, cortar y desgarrar. Detrás de las dos hileras de dientes principales, los tiburones blancos tienen dos o tres más en continuo crecimiento que suplen la frecuente caída de dientes con otros nuevos y se van reemplazando por nuevas hileras a lo largo de los años. La base del diente carece de raíz y se encuentra bifurcada, dándole una apariencia inconfundible en forma de cono.

Los orificios nasales (narinas) son muy estrechos, mientras que los ojos son pequeños, circulares y completamente negros. En los costados se sitúan cinco hendiduras branquiales, dos aletas pectorales bien desarrolladas y de forma triangular y otras dos, cerca de la aleta caudal, mucho más pequeñas. La caudal está muy desarrollada, al igual que la gran aleta dorsal de su lomo, de forma inconfundible para cualquiera. Otras dos aletas pequeñas (segunda dorsal y anal) cerca de la cola, completan el aspecto de este animal.

A pesar de su nombre, el jaquetón sólo es un tiburón blanco en su parte ventral, mientras que la dorsal es gris o azulada. Este patrón, común en muchos animales acuáticos, sirve para confundirse con la luz solar o con las oscuras aguas marinas, constituyendo un camuflaje tan simple como efectivo. El extremo de la parte ventral de las aletas escapulares y la zona de las axilas aparecen teñidos de negro. La piel, muy áspera, se compone de duras escamas llamadas dentículos dérmicos por su forma afilada.

No obstante, la denominación de “tiburón blanco” podría tener su lógica en el caso de avistarse ejemplares albinos de esta especie, que aunque son muy raros existen. En 1996 se pescó en las costas de El Cabo Oriental (Sudáfrica) una hembra joven de apenas 145 cm que exhibía esta rara característica.

Las terminaciones nerviosas del extremo frontal, antes mencionadas, recogen la menor vibración ocurrida en el agua a cien kilómetros y guían al animal hasta la posible presa que esté causando esa perturbación. Otros receptores (conocidos como ampollas de Lorenzini, unas células especializadas con una forma similar a la de minúsculas “botellas”) situados en torno a los orificios nasales, le permiten captar también campos eléctricos de frecuencia variable que probablemente use para orientarse en sus migraciones a través de largas distancias. Por si esto fuera poco, su olfato es tan potente que la presencia de una sola gota de sangre a kilómetros de distancia sirve para atraerlo, al tiempo que se vuelve mucho más agresivo. La vista tiene menos importancia, pero también está bien desarrollada y tiene un papel muy importante en la aproximación final a la presa y su peculiar modelo de acecho y ataque desde debajo de la misma.

 La longitud más frecuente entre los tiburones blancos adultos es de 4 a 7 metros (siendo los machos menores que las hembras), aunque se conocen casos de individuos excepcionales que rebasaban ampliamente esas medidas. En la actualidad no se puede asegurar cuál es realmente el tamaño “tope” o máximo en esta especie, hecho que se ve reforzado por la existencia de notas antiguas y poco fiables sobre animales realmente gigantescos. Varios de estos casos se analizan en el libro The Great White Shark (1991) de Richard Ellis y John E. McCosker, expertos en tiburones.

Durante décadas, muchos libros de referencia en el campo de la ictiología recogieron la existencia de un tiburón blanco de 11 m capturado cerca de Port Fairy (sur de Australia) en la década de 1870, al que se consideraba el mayor individuo conocido. Al amparo de esta longitud máxima, los avistamientos de tiburones blancos de 7 a 10 m de largo fueron considerados hasta cierto punto comunes y aceptados sin gran discusión. Sin embargo, varios investigadores pusieron en duda la fiabilidad del reporte de Port Fairy, haciendo hincapié en la gran diferencia de tamaño entre este individuo y cualquiera de los otros tiburones blancos capturados. Un siglo después de la captura, se estudiaron las mandíbulas del animal, todavía conservadas, y se pudo determinar que su auténtico tamaño corporal rondaba los 5 metros de largo.

Ellis y McCosker aseguraron en su obra que los mayores tiburones blancos rondan los 6 m de longitud, y que los informes sobre individuos de 7 m ó más, aunque existentes en la literatura popular, no están presentes en la científica. Recalcan el hecho, además, de que al igual que las supuestas anacondas y pitones gigantes, “estos tiburones gigantes tienden a desaparecer cuando un observador responsable se aproxima con una cinta métrica“.

El mayor ejemplar que Ellis y McCosker reconocen es un tiburón blanco de 6,4 m capturado en aguas cubanas en 1945, aunque otras citas le atribuyen tamaños variables que llegan hasta los 7,9 metros. Una hembra de entre 7 y 7,8 m fue hallada muerta en una playa de Malta en 1987, no lejos de la zona con mayor concentración de tiburones blancos del Mediterráneo.

En 2006, la mayoría de los expertos están de acuerdo en que el tamaño máximo que puede alcanzar un tiburón blanco “no excepcional” es de unos 6 m de longitud y alrededor de 1,9 t de peso. Los informes sobre tamaños mucho mayores que éste suelen considerarse dudosos.

En lo relativo al peso se añade un nuevo problema, ya que éste puede variar ligeramente en función de lo que el tiburón haya comido y si lo ha hecho de forma más o menos reciente. Un ejemplar adulto puede introducirse en la boca hasta 14 kg de carne de un solo mordisco, y almacenar varios más en su estómago hasta que termina de digerirlos. Por esta razón, Ellis y McConker consideran posible que los tiburones blancos puedan llegar a alcanzar pesos de 2 t, aunque el mayor de los que ellos han estudiado “sólo” pesaba 1,75 t.

El mayor tiburón blanco reconocido por la Asociación Internacional de Pesca Deportiva (IGFA) es un ejemplar de 1.208 kg capturado por Alf Dean en 1959, al sur de Australia. Se conocen muchos otros ejemplares mayores, pero la IGFA no los tiene en cuenta por haber sido capturados sin respetar las normas impuestas por esta organización.

El tiburón blanco vive sobre las zonas de plataforma continental, cerca de las costas, donde el agua es menos profunda. Es en estas zonas donde la abundancia de luz y corrientes marinas genera una mayor concentración de vida animal, lo que para esta especie equivale a una mayor cantidad de alimento. Sin embargo, están ausentes de los fríos océanos ártico y antártico, a pesar de su gran abundancia en plancton, peces y mamíferos marinos. Los tiburones blancos tienen un avanzado metabolismo que les permite mantenerse más calientes que el agua que les rodea, pero no lo suficiente como para poblar estas zonas extremas.

Áreas con presencia frecuente de tiburones blancos son las aguas de las Antillas Menores, el Golfo de México hasta Florida y Cuba y la Costa Este de Estados Unidos desde allí hasta Terranova; la franja costera de Rio Grande do Sul a la Patagonia, la del Pacífico de América del Norte (desde Baja California hasta el sur de Alaska, donde llegan en años anormalmente cálidos) y del Sur (desde Panamá a Chile); archipiélagos del Pacífico como Hawaii, Fiji y Nueva Caledonia; Australia (con la excepción de su fachada norte, siendo abundante en el resto), Tasmania y Nueva Zelanda, siendo muy frecuente en la zona de la gran barrera de coral; norte de Filipinas y todo el litoral asiático desde Hainan hasta Japón y la isla de Sajalín; Seychelles, Maldivas, Sudáfrica (donde es muy abundante) y las zonas cercanas a la desembocadura de los ríos Congo y Volta; y la fachada costera desde Senegal a Inglaterra, con agrupación apreciable en las islas Cabo Verde y Canarias, penetrando también en los mares Mediterráneo y Rojo. En éstas últimas zonas es donde la presencia humana, manifestada a través de la sobreexplotación pesquera y la contaminación de las aguas, han reducido considerablemente la distribución de esta especie. A pesar de ello, parece que persiste en el área alguna zona de cría, como por ejemplo la del Estrecho de Messina. Ocasionalmente, esta especie puede alcanzar también aguas de Indonesia, Malasia, el Mar de Ojotsk y la Tierra del Fuego.

Normalmente se mantiene a una cierta distancia de la línea costera, acercándose sólo en aquellas zonas con especial concentración de atunes, focas, pingüinos u otros animales de hábitos costeros. Igualmente, suele permanecer cerca de la superficie, aunque ocasionalmente desciende hasta cerca del kilómetro de profundidad.

Los tiburones blancos difieren bastante de ser simples “máquinas de matar”, como sostiene la imagen popular que se tiene de ellos. Para poder capturar los grandes mamíferos que constituye la base de la dieta de los adultos, los tiburones blancos practican una característica emboscada: se sitúan a varios metros bajo la presa, que nada en la superficie o cerca de ella, usando el color oscuro de su dorso como camuflaje con el fondo y volviéndose así invisibles a sus víctimas. Cuando llega el momento de atacar, avanzan rápidamente hacia arriba con potentes movimientos de la cola y abren las mandíbulas. El impacto suele llegar en el vientre, donde el tiburón aferra fuertemente a la víctima: si ésta es pequeña, como un león marino, la mata en el acto y posteriormente la engulle entera. Si es más grande, arranca un gran trozo de la misma que ingiere entero, ya que sus dientes no le permiten masticar. La presa puede quedar entonces muerta o moribunda, y el tiburón volverá a alimentarse de ella arrancando un pedazo detrás de otro. Excitados por la presencia de sangre, la zona se llenará pronto de otros tiburones. En algunas zonas del Pacífico, los tiburones blancos arremeten con tanta fuerza a las focas y leones marinos que se elevan un par de metros sobre el nivel del agua con su presa entre las mandíbulas, antes de volver a zambullirse.

Esta especie también consume carroña, especialmente la que procede de cadáveres de ballena a la deriva de los que arrancan grandes pedazos. Cerca de las costas, los tiburones blancos consumen grandes cantidades de objetos flotantes por error: en sus estómagos se ha llegado a encontrar incluso matrículas de automóvil.

Tanto la caza como el resto de la vida del gran tiburón blanco suelen ser solitarios. Ocasionalmente se ven parejas o pequeños grupos desplazándose a la búsqueda de alimento, labor que les lleva a recorrer cientos de kilómetros. Aunque preferentemente nómadas, algunos ejemplares prefieren alimentarse en ciertas zonas costeras, como algunas regiones de California, Sudáfrica y especialmente Australia.

La orca puede constituir una amenaza para los tiburones blancos que aún no son adultos. El 4 de octubre de 1997 en las aguas que bañan las islas Farallon (triangulo rojo,USA) ocurrió un ataque de una orca hembra de 6′ 50 metros conocida por los científicos como ca2 contra un tiburón blanco inmaduro de 3 metros de longitud, durante el cual el tiburón murió. Pero el tiburón blanco cuando esta completamente desarrollado carece de enemigos o depredadores, sólo cuando es joven puede ser atacado por las orcas o por tiburones mayores. No hay ningún caso documentado de ataque de orca contra un tiburón blanco adulto.

Aunque apenas hay unos cuantos casos de hembras grávidas capturadas, se puede afirmar que esta especie prefiere reproducirse en aguas templadas, en primavera o verano, y es ovovivípara. Los huevos, de 4 a 10 o tal vez hasta 14, permanecen en el útero hasta que eclosionan: es posible que en el tiburón blanco se dé canibalismo intrauterino (siendo las crías más débiles y los huevos aún por abrir devorados por sus hermanos más fuertes) de la misma forma en que sucede en otras especies de lámnidos, pero por ahora no es un hecho que esté totalmente probado. Unas tres o cuatro crías de 1,2 m de largo y dientes aserrados logran salir al exterior en el parto e inmediatamente se alejan de su madre para evitar ser devoradas por ésta. Desde entonces llevan una vida solitaria, creciendo a un ritmo bastante rápido. Alcanzan los dos metros en el primer año de vida; los machos, más pequeños que las hembras, maduran sexualmente antes que éstas, cuando alcanzan los 3,8 m de largo, aunque de acuerdo con algunos individuos podrían madurar excepcionalmente cuando todavía cuentan con apenas dos metros y medio. Las hembras no pueden reproducirse hasta que alcanzan entre 4,5 y 5 m de largo.

No se conoce gran cosa sobre las relaciones intraespecíficas que se dan en esta especie, y lo que respecta al apareamiento no es una excepción. Es posible que éste se produzca con más frecuencia después de que varios individuos compartan un gran festín, como por ejemplo un cadáver de ballena. La vida media para estos animales no se conoce con exactitud, pero es probable que oscile entre los 15 y 30 años.

Debido al amplio rango de distribución de esta especie, es imposible saber el número de tiburones blancos que existen, aunque sea de forma aproximada. No obstante, su baja densidad poblacional, unida a su escasa tasa de reproducción, su larga infancia y su baja esperanza de vida hacen que el tiburón blanco no sea un animal abundante. La pesca deportiva de este tiburón, sin interés económico alguno, se ha incrementado en los últimos 30 años debido en gran parte al miedo psicológico que introdujeron películas como Tiburón (Steven Spielberg, 1975) hasta el punto de que se la considera amenazada o en peligro de extinción en varios lugares.

La Lista Roja de la IUCN incluyó al tiburón blanco por primera vez en 1990 como especie insuficientemente conocida, y desde 1996 lo hace como vulnerable. El II Apéndice del Convenio CITES lo incluye como especie vulnerable si no se explota racionalmente.

Las medidas de conservación deben aplicarse obligatoriamente sobre las poblaciones en libertad, ya que la cría en cautividad del tiburón blanco es imposible, debido probablemente al acusado carácter nómada de la especie (se tienen datos de individuos visitando alternativamente las playas de Sudáfrica y Australia, a 22.000 km de distancia). El único ejemplar que ha llegado a ser exhibido vivo en un edificio fue una hembra joven llamada Sandy, que vivió durante tres días del mes de agosto de 1980 en el Acuario Steinhart de San Francisco. Tras sólo 72 h de cautiverio, Sandy tuvo que ser liberada después de que dejara de comer y se provocase graves heridas al chocar repetidamente contra una de las paredes de su recinto. Posteriormente se descubrió que lo que atraía a Sandy hacia ese lugar en particular era una minúscula diferencia de 125 microvoltios (millonésimas de voltio) de potencial eléctrico entre esa pared y el resto de las del acuario. La intensidad del campo eléctrico que Sandy detectaba era tan pequeña que pasaba desapercibida para cualquiera de los otros animales que se encontraban en el mismo tanque de agua, incluidos varios tiburones de otras especies.

Por ahora no existe ninguna moratoria legal internacional sobre la pesca del tiburón blanco, aunque ésta está prohibida en algunas áreas de su distribución. El tiburón blanco es una especie protegida en California, la Costa Este de Estados Unidos, el Golfo de México, Namibia, Sudáfrica, Maldivas, Israel y parte de Australia (Australia Meridional, Nueva Gales del Sur, Tasmania y Queensland). La Convención de Barcelona lo considera una especie amenazada en el Mediterráneo, pero casi ningún país con salida a este mar ha dispuesto medida alguna en favor de su conservación.

 A pesar de que el cine asegura el peligro de estos animales, los ataques de tiburones contra seres humanos son bastante raros. Dentro de éstos, los del tiburón blanco se pueden considerar anecdóticos si se comparan con los del tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) o el tiburón toro (Carcharhinus leucas), el último de los cuales puede incluso remontar grandes ríos  y atacar a las personas a varios kilómetros del mar. No obstante, las muertes causadas por estas tres especies en su conjunto son inferiores a las provocadas por serpientes marinas y cocodrilos cada año, e incluso menores que los fallecimientos ocasionados por animales tan aparentemente inofensivos como abejas, avispas e hipopótamos. Se considera que es más probable morir de un ataque al corazón en alta mar que por el ataque de un tiburón.Cada año mueren 6 peronas por ataques de abejas,y 4 de tiburón blanco.Cada año mueren 100 millones de tiburones blanco por la caza, contaminación,etc.

En palabras del biólogo Douglas Long, en EE.UU. “muere más gente cada año por ataques de perros que la que ha sido muerta por tiburones blancos en los últimos 100 años”. Para zonas donde la presencia del gran blanco no es tan abundante, los ataques alcanzan números realmente irrisorios: por ejemplo, en todo el Mediterráneo sólo se han confirmado 31 ataques de tiburones contra seres humanos en los últimos 200 años, en su mayoría sin resultado de muerte. Para España, la cifra es de 4 ataques desde mediados del siglo XIX (aunque la ISAF sólo reconoce dos como suficientemente probados) sin que ninguno de ellos acabase con la vida de la víctima. En estos dos últimos casos, las cifras ni siquiera se refieren a los ataques del tiburón blanco en particular, sino al conjunto de todas las especies de tiburones. De acuerdo con algunos investigadores estadounidenses, la cifra de ataques de tiburones blancos a nivel global entre 1926 y 1991 sería de 115, siendo California, Australia y Sudáfrica quienes registraron más. Resulta bastante ilustrativo el que en las aguas sudafricanas, infestadas de tiburones, la cifra de ataques de tiburones blancos desde 1940 sea de sólo 29 frente a las 89 agresiones protagonizadas por tiburones toro. En California se contabiliza alrededor de una víctima mortal por ataque de tiburón blanco cada cinco años.

Esta escasez de ataques, sobre todo mortales, se debe a que la mayoría de los tiburones en general y los blancos en particular no consideran a los humanos como auténticas presas potenciales. De hecho, es posible que el sabor de la carne humana les sea incluso desagradable, y desde luego que les resulta mucho menos nutritiva y bastante más difícil de digerir que la de ballena o foca, provistas de gran cantidad de grasa. La gran mayoría de ataques del tiburón blanco consisten en un único mordisco, tras el cual el animal se retira llevándose pocas veces algún trozo de la infortunada víctima (principalmente pies y piernas). Estos ataques se pueden deber a tres posibles razones:                      

El tiburón no ataca a la víctima con intención de comérsela, sino porque la considera un intruso en su actividad diaria al que interpreta como una amenaza potencial. Por ello, la mordida y posterior retirada no sería más que una simple aunque desproporcionada “advertencia”.

El animal se siente confuso ante algo que nunca ha visto antes y no sabe si es comestible o no. Por tanto, el fugaz ataque es una especie de “mordisco-prueba” con el que intenta hacerse una idea de si le conviene alimentarse en el futuro de ese nuevo elemento en su mundo. Los posibles gusto desagradable y complicaciones digestivas posteriores impulsarán al tiburón a no cazar humanos después de esta experiencia.

El tiburón confunde a la víctima con su comida habitual. En este caso se explicarían muchos de los ataques contra bañistas y surfistas en California, por ejemplo, ya que cuando se ven desde abajo resultan bastante parecidos a un león marino que sale a respirar aire o que se desplaza a toda velocidad cerca de la superficie del agua. Los ataques registrados contra pequeñas embarcaciones pesqueras y de recreo podrían explicarse como confusiones entre éstas y los cuerpos de cetáceos de tamaño medio o elefantes marinos muertos a la deriva.

Dada la naturaleza del ataque, la víctima humana muere en raras ocasiones durante el mismo. Cuando lo hace, la mayoría de las veces es por la pérdida masiva de sangre, que debe evitarse de inmediato. La liberación de sangre en el agua puede atraer también a otros tiburones y peces carnívoros de diversas especies que pueden verse impulsados a realizar sus propios “mordiscos de prueba”.

Con todo, el peligro de ataque existe siempre, por remoto que sea. Resulta interesante el hecho de que el 80% de las muertes causadas por tiburones blancos ocurrieran en aguas muy cálidas, casi ecuatoriales, cuando la mayoría de estos animales vive en zonas templadas. Esto se debe a que la gran mayoría de tiburones blancos son jóvenes y crías, que necesitan de las aguas templadas para su desarrollo, mientras que en las zonas más cálidas sólo se adentran los individuos más grandes y viejos, que son mucho más violentos y peligrosos.

Se han diseñado y ensayado varios métodos para evitar las heridas por mordedura de tiburón blanco en caso de un ataque repentino, entre las que se encuentran repelentes químicos, cotas de malla metálicas que se superponen a los trajes de buceo y aparatos que generan un campo eléctrico en torno al buzo o surfista y desorientan a cualquier tiburón que se aproxime, ya que perturban la información que éstos reciben a través de las Ampollas de Lorenzini. Sin embargo, y por muy efectivos que puedan ser estos métodos, es evidente que lo mejor a la hora de evitar ataques es no cometer imprudencias como alejarse demasiado de la costa, nadar en solitario o en las primeras y últimas horas del día, visitar zonas con gran abundancia de pinnípedos o  acercarse de forma deliberada a un ejemplar, sobre todo si es de tamaño considerable.

Los tiburones blancos aparecen como la encarnación del peligro en varias culturas y reciben el nombre de “devoradores de hombres” en distintas lenguas, especialmente en el área del Caribe. No obstante, la actual caracterización popular del tiburón blanco como el asesino del mar por excelencia no existiría (o no estaría tan extendida) de no ser por el éxito comercial de la película Tiburón en 1975. La película está basada en la novela Jaws (1974) de Peter Benchley, que se inspira vagamente en un suceso histórico: la muerte de cuatro personas y la mutilación de otra causadas por ataques de un tiburón que fue identificado como blanco en Nueva Jersey, en 1916 . Sin embargo, hoy en día se considera más probable que los responsables de tales ataques fuesen varios tiburones y no obra de un solo espécimen. Tampoco parece claro que el tiburón fuese blanco, señalándose como posibles responsables las especies tiburón toro y tigre. La película añadió algunas referencias en boca del capitán Quint al desastre del USS Indianapolis, un barco que se hundió en 1945 en el Pacífico, tras recibir el impacto de un torpedo japonés, y cuyos supervivientes permanecieron en el agua durante cinco días mientras eran diezmados por el calor, la falta de agua y los ataques de los tiburones, que en este caso tampoco se identificaron como tiburones blancos, sino como ejemplares de Carcharhinus longimanus. Esta película generó gran psicosis sobre el Tiburón Blanco.

 Desde entonces, se establecieron una serie de clichés que se han repetido en el cine de “monstruos”, y que en muchos de los casos no se corresponden con las características reales de la principal especie afectada, el tiburón blanco. Esto ha contribuido a arraigar una serie de estereotipos y falsas creencias en torno a esta especie, hasta el punto de que Benchley, ha afirmado que nunca la hubiese escrito de saber cómo eran realmente los hábitos de los tiburones blancos.

27 responses

19 10 2009
bren

no lo puedo creer!! me encanta esta pagina…ya la tengo como acceso directo desde mi escritorio…felicito a la persona q la iso me encanta–x q soy fanatica de los tiburones..bueno los dejo…bess..segui asi……..

!!!!!!!!!!!!!!!!!me encanta!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

20 10 2009
ale96

Gracias a todos por vuestros comentarios. No suelo tener mucho tiempo para actualizar por estudios (tengo 13 años).Gracias.

20 10 2009
ale96

Gracias. Personas como tú animan a cualquiera.

21 10 2009
ana

Impresionante,la verdad es que da un poco de miedo encontrarse un ejemplar así , pobre foca..

7 12 2009
aaa

me encanta esta blog y los tiburones blancos me encantan no se como puede haber un animal de esetamaño me encanta

14 12 2009
ale96

Puse el tiburón blanco en este blog porque lo consideré relacionado con los cetáceos, y es demasiado interesante para no ponerlo .Gracias.

24 01 2010
mario

La verdad alex es que has hecho un trabajo fantástico. Ojalá hubiera muchos chavales como tú

4 02 2010
ale96

Gracias. Y ojalá a más gente, que no somos pocos, le preocupe que mueran tantos tiburones al año.
Creo que si todos cambiasemos nuestra forma de pensar hacia los tiburones podríamos entenderlos

14 03 2010
LENIN 19

waooooo imprecionante esta paguina……como varios q la han visitado tambien la puse de acceso directo y me encanto la imagen donde el tiburon practicamente ataca a el helicoptero……muy buena la paguina te felicito, muy buen trabajo

14 03 2010
ale96

Vale muchas gracias

1 08 2010
Daniel

Impresionante la foto del helicoptero

5 08 2010
laura

impresionante!!!!!!!!!!!!!!!
ADORO A LOS TIBURONES AUNQUE SI TE ENGANCHA UNO…
BUENO BSSS
BYE

12 08 2010
Anónimo

esto fue impresionante

15 08 2010
christian

esto es impresionante colegaaa , es vaya lo mejorrr xaoo

29 09 2010
FRANK

Felicitaciones, excelente tranbajo yo tambien soy un fanatico de los escualos y esta pagina me parece lo mejor y más completo que he leido sobre el tiburón blano.
Muy bueno…

28 12 2010
Flor..

Esta muii weenaa.. la paginaa… me encantan los tiburones.. tanto tanto qe hasta qisiera nadar cn ellos… son impresionantes… me impacto la imagen con el helicopteroo..

11 01 2011
katerine

creo que no le van a quedar mas ganas de ir a la playa ….el animal q yo odio es el tiburon

19 03 2011
sebastian

es super bacana , es la mejor que e visto

25 06 2011
teffy

Los felicito x la buena informacion que tiene sobre los tiburones
atta teffy :)

4 02 2012
Anónimo

ME GUSTAN MUCHO LOS TIBURONES BLANCOS Y LOS TIBURONES ZORROS.

10 03 2012
la flaca

buen trabajo me gusto mucho ver esos tiburones blancos…sigue asi

6 04 2012
Coco

Es alucinante eso de los tiburones mirar los vídeos.

20 07 2012
Isaac Aguilar

chuuuuuuuuuuuuuu q tuco ese tiburon o no

20 12 2012
Fernando Antonio Paredes Rodriguez

esta grade

30 01 2013
Anónimo

Fgfnghghrgjwrmyqfcbhhuhhvmegzbfmfhddgdgggbdfhns. Bb.zfjBgvhjwhqbg uirghhsnsg

13 03 2013
julienn

seria fantastico ayudar a eliminar la matanza de tiburones, debemos dejarlos vivir…!!!

25 03 2014
Anónimo

los tiburones blancos son muy interesantes de verdad, y es verdad que has hecho un trabajo fantastico.Me dan un poco de miedo pero me interesan mucho de hecho en el colegio tengo que hacer una redaccion y lo quiero hacer sobre ellos

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